José López lleva varios años aprendiendo
guitarra en la escuela. Foto: Marisa Nuñez.
guitarra en la escuela. Foto: Marisa Nuñez.
CÁCERES
La escuela 'Enclave' imparte desde hace 4 años el método musical Yamaha, una actividad que siguen muchos adultos
CRISTINA NÚÑEZ
J.C. Corrales, con su descaro habitual de cabaretero, rompe la estancia con un vozarrón que sale por la puerta del estudio en el que ensaya e invade una gran parte del lugar. Son las nueve de la noche. La hora en la que parece que todo se acaba es cuando en la escuela 'Enclave', empieza en show. En el patio de la calle Hermandad se juntan saxofonistas y pianistas, amantes de la guitarra eléctrica y la clásica. Unos salen y otros entran. Se fuman cigarritos, se comentan cosas y, dentro, empiezan los acordes que configuran un extraño concierto nocturno.
No debutarán en grandes orquestas ni harán de la música su forma de vida, sin embargo, lo suyo es vocación. Vocación en muchos casos aparcada por las obligaciones laborales y la falta de tiempo. La escuela 'Enclave' es un vivero de segundas oportunidades. En un aula de piano conviven un puñado de personas que comparten edad -por encima de los cuarenta años- y profesiones cualificadas. Hay una médico, un notario y varios funcionarios. Ninguno de ellos son capaces de leer música, pero sí, desde hace ya cuatro años, de interpretar las canciones que aprenden a través del método 'Yamaha' un sistema basado en la repetición y que logra, a través de práctica, que los alumnos consigan interpretar canciones.
Método japonés
La directora de la escuela, Carmen, cuenta que, aunque hace 23 años que ésta está abierta, es desde hace cuatro cuando se empezó a aplicar el método 'Yamaha', inventado en Japón. Este sistema ha dado la posibilidad de acercarse a la música a personas no iniciadas en la materia. Según Carmen, de los 560 alumnos apuntados en esta escuela, 220 son adultos. Bajo el método 'Yamaha' se imparte guitarra eléctrica, piano, batería, bajo, saxofón, canto moderno y violín, y continúan los métodos tradicionales para enseñar guitarra española y violín. Hay un control exhaustivo, y todos los profesores tienen que pasar por la «homologación» japonesa. Es una especie de franquicia con 7.200 escuelas repartidas por todo el mundo. La de Cáceres depende de la escuela de Milán. El ramillete docente es muy variado. Uno de los que imparte clases es Diego Antúnez, flautista de los 'Perroflauta', que enseña, también los martes, saxofón a tres hombres.
En guitarra está José López, un auditor de mercado que saca tiempo de debajo de las piedras para aprender a tocar. «Toco en el coche», asegura. Suele viajar de pueblo en pueblo por toda la provincia y en los descansos, se permite darle a las cuerdas de su guitarra. Le dedica unas dos horas a la semana y asume la dificultad de empezar, a partir de cierta edad, a meterse en una disciplina como la musical. Emilio, su profesor, añade que es un placer añadido comenzar a aprender música en etapas en las que ya parece que nos lo sabemos todo. «Los niños lo ven como algo natural, pero para los mayores resulta algo más inusual y muy bonito», añade este profesor.
José López reconoce que aún no ha impresionado a nadie con sus canciones, pero no se desanima. «Algunos se sorprenden de que ya lleve dos años; cuando me dicen eso les doy la guitarra y les digo: toca».
«Era una vocación frustrada»
Paco Casco es economista y lleva cuatro años tocando el piano. Lleva en esta academia prácticamente desde que empezó. Con una hora a la semana de clases ha conseguido interpretar ya varias canciones e incluso leer algo de música. «Me gusta la música de siempre, había sido una vocación frustrada hasta que empecé a aprender piano aquí», señala Casco. Y le gusta porque es, además de una forma de aprender, una manera de «cambiar de aires». En su misma clase hay un buen ramillete de profesionales que buscan lo mismo que él. Y se ha creado buen rollo. «Se conoce a gente», señala Casco, «aunque ese no sea el motivo fundamental», asegura a la salida de clase.
«Siempre me ha gustado la música»
Inmaculada Fernández se ha reencontrado este curso con una de sus vocaciones olvidadas: la música. Lleva desde el mes de noviembre aprendiendo piano. «Soy muy inquieta y la música siempre ha sido una de mis grandes aficiones, igual que la cerámica», asegura. De momento, y a la espera de que saber si realmente podrá tocar el piano de una forma aceptable, aunque confía en sus cualidades, se ha comprado un teclado.
«Me parece un placer haber vuelto a recuperar la música, es muy asequible», señala tras salir de sus clases de primero de piano, que comparte con media docena de personas.
«Aprendo a interpretar con la voz»
J. C. Corrales, miembro «reconstructor» del grupo de teatro LaBotika aprende a modular el torrrente de su voz los martes por la noche. «Soy cabaretero y tengo que cantar». Es una forma de mejorar una faceta que utiliza habitualmente en su trabajo. «Aprendo a interpretar con la voz», asegura Corrales, que asume que aunque el método Yamaha es un poco repetitivo, sirve para canalizar ese instrumento vocal. Lleva desde octubre acudiendo a la escuela 'Enclave', en donde, todos los martes por la noche, saca lo mejor de sus cuerdas vocales. Y se hace notar. Tiene, y lo sabe, una voz que abruma.
La escuela 'Enclave' imparte desde hace 4 años el método musical Yamaha, una actividad que siguen muchos adultos
CRISTINA NÚÑEZ
J.C. Corrales, con su descaro habitual de cabaretero, rompe la estancia con un vozarrón que sale por la puerta del estudio en el que ensaya e invade una gran parte del lugar. Son las nueve de la noche. La hora en la que parece que todo se acaba es cuando en la escuela 'Enclave', empieza en show. En el patio de la calle Hermandad se juntan saxofonistas y pianistas, amantes de la guitarra eléctrica y la clásica. Unos salen y otros entran. Se fuman cigarritos, se comentan cosas y, dentro, empiezan los acordes que configuran un extraño concierto nocturno.
No debutarán en grandes orquestas ni harán de la música su forma de vida, sin embargo, lo suyo es vocación. Vocación en muchos casos aparcada por las obligaciones laborales y la falta de tiempo. La escuela 'Enclave' es un vivero de segundas oportunidades. En un aula de piano conviven un puñado de personas que comparten edad -por encima de los cuarenta años- y profesiones cualificadas. Hay una médico, un notario y varios funcionarios. Ninguno de ellos son capaces de leer música, pero sí, desde hace ya cuatro años, de interpretar las canciones que aprenden a través del método 'Yamaha' un sistema basado en la repetición y que logra, a través de práctica, que los alumnos consigan interpretar canciones.
Método japonés
La directora de la escuela, Carmen, cuenta que, aunque hace 23 años que ésta está abierta, es desde hace cuatro cuando se empezó a aplicar el método 'Yamaha', inventado en Japón. Este sistema ha dado la posibilidad de acercarse a la música a personas no iniciadas en la materia. Según Carmen, de los 560 alumnos apuntados en esta escuela, 220 son adultos. Bajo el método 'Yamaha' se imparte guitarra eléctrica, piano, batería, bajo, saxofón, canto moderno y violín, y continúan los métodos tradicionales para enseñar guitarra española y violín. Hay un control exhaustivo, y todos los profesores tienen que pasar por la «homologación» japonesa. Es una especie de franquicia con 7.200 escuelas repartidas por todo el mundo. La de Cáceres depende de la escuela de Milán. El ramillete docente es muy variado. Uno de los que imparte clases es Diego Antúnez, flautista de los 'Perroflauta', que enseña, también los martes, saxofón a tres hombres.
En guitarra está José López, un auditor de mercado que saca tiempo de debajo de las piedras para aprender a tocar. «Toco en el coche», asegura. Suele viajar de pueblo en pueblo por toda la provincia y en los descansos, se permite darle a las cuerdas de su guitarra. Le dedica unas dos horas a la semana y asume la dificultad de empezar, a partir de cierta edad, a meterse en una disciplina como la musical. Emilio, su profesor, añade que es un placer añadido comenzar a aprender música en etapas en las que ya parece que nos lo sabemos todo. «Los niños lo ven como algo natural, pero para los mayores resulta algo más inusual y muy bonito», añade este profesor.
José López reconoce que aún no ha impresionado a nadie con sus canciones, pero no se desanima. «Algunos se sorprenden de que ya lleve dos años; cuando me dicen eso les doy la guitarra y les digo: toca».
«Era una vocación frustrada»
Paco Casco es economista y lleva cuatro años tocando el piano. Lleva en esta academia prácticamente desde que empezó. Con una hora a la semana de clases ha conseguido interpretar ya varias canciones e incluso leer algo de música. «Me gusta la música de siempre, había sido una vocación frustrada hasta que empecé a aprender piano aquí», señala Casco. Y le gusta porque es, además de una forma de aprender, una manera de «cambiar de aires». En su misma clase hay un buen ramillete de profesionales que buscan lo mismo que él. Y se ha creado buen rollo. «Se conoce a gente», señala Casco, «aunque ese no sea el motivo fundamental», asegura a la salida de clase.
«Siempre me ha gustado la música»
Inmaculada Fernández se ha reencontrado este curso con una de sus vocaciones olvidadas: la música. Lleva desde el mes de noviembre aprendiendo piano. «Soy muy inquieta y la música siempre ha sido una de mis grandes aficiones, igual que la cerámica», asegura. De momento, y a la espera de que saber si realmente podrá tocar el piano de una forma aceptable, aunque confía en sus cualidades, se ha comprado un teclado.
«Me parece un placer haber vuelto a recuperar la música, es muy asequible», señala tras salir de sus clases de primero de piano, que comparte con media docena de personas.
«Aprendo a interpretar con la voz»
J. C. Corrales, miembro «reconstructor» del grupo de teatro LaBotika aprende a modular el torrrente de su voz los martes por la noche. «Soy cabaretero y tengo que cantar». Es una forma de mejorar una faceta que utiliza habitualmente en su trabajo. «Aprendo a interpretar con la voz», asegura Corrales, que asume que aunque el método Yamaha es un poco repetitivo, sirve para canalizar ese instrumento vocal. Lleva desde octubre acudiendo a la escuela 'Enclave', en donde, todos los martes por la noche, saca lo mejor de sus cuerdas vocales. Y se hace notar. Tiene, y lo sabe, una voz que abruma.
Publicado en el Periódico Hoy el 1 de marzo de 2008.

No hay comentarios:
Publicar un comentario